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Hace dos días me hacen una consulta sobre crianza, si bien
era una situación común yo sabía que la historia que había detrás no lo era
tanto.
A partir de ello comencé a pensar sobre esta que todos inconscientemente
sabemos pero que inconscientemente también, solemos pasar por alto o
menospreciar, que es la historia. Les hablo de historia en un sentido amplio,
pero a su vez particular, ya que existen múltiples historias entrelazadas en
toda historia de vida que ha de contarse. También podría mencionarse como
tramas vinculares entre todos los involucrados en esa historia.
¿Qué quiero decir con todo esto? ¿Hacia adonde apunto a
conducir mis reflexiones?
Cuando hablamos de nuestros hijos, cada uno de ellos tiene
su propia historia, también sus características personales distintivas y
únicas, pero además tiene un vínculo, una forma de relacionarse con nosotras
que es diferente al de los otros hijos.
Todo esto se va constituyendo desde el momento de la
gestación, cada embarazo o proceso de adopción, o gestación simbólica de ese
niño que llega a nuestras vidas será diferente. Seguramente estará marcado por
el momento específico de nuestras vidas, por nuestra propia historia y
carácter, pero también por su historia que se origina en aquel instante de
darle sentido de ser viviente y “enlazado” a nosotras.
Desde entonces se suceden hechos en las vidas de las personas
que nos marcan y nos “imprimen” nuestra identidad y potencialidad. Verán que
les digo potencialidad ya que no acuerdo con el determinismo, todo puede ser
modificado, cambiado o mejorado, lo importante es reflexionar sobre ello, descubrirlo,
aceptarlo y trabajar en la intencionalidad para cambiar aquello que no nos
agrada o genera malestar en nuestras vidas.
Desde aquí parto para decirles, que todos nos equivocamos en
momentos de la crianza de nuestros hijos, porque como les dije siempre a los
papás que me consultan: “Ningún niño viene con manual de instrucciones” y si
así lo fuera de poco serviría en este mar de emociones que es la paternidad y
maternidad
Como les decía hace dos días ante esa consulta, explotó mi
pensamiento reflexivo volviendo a mi mente vivencias personales, como suele sucederme.
El sentimiento de “Ser” mamá y las experiencias que conlleva, no pueden pensar
ni “criticar” si no hay experiencia propia. Digo criticar en un sentido
positivo de la palabra, no como juicio sino como análisis crítico para aceptar
los errores y desde allí poder mejorar.
Créanme que luego de casi 20 años de maternidad he aceptado
que cometí muchos errores, muchas veces diferentes con cada uno de mis hijos.
Como profesional incluso me he encontrado muchas veces haciendo o diciendo
cosas nada recomendadas por las teorías, preguntándome ¿Por qué lo hago? Si sé
que no es apropiado. Como también he ido a terapia bastante tiempo, me libero
del sentimiento de culpa. Las mamás y papás cometemos errores principalmente
por “sentir”, yo creo que todos estarán de acuerdo conmigo, y también lo
estarán cuando les digo que es lo normal y esperable que ante todo seamos
padres con sentimientos.
¿Quién no comete errores cuando se siente agobiado o
temeroso?
Lo fundamental aquí será ser conscientes de ello, para poder
así reconocer los errores y tratar de evitarlos, de subsanar, de mejorar.
Lo más valioso y que se ha de anteponer siempre es el
vínculo, la relación con nuestros hijos sean niños o ya no tanto, anteponerlo
desde el sentimiento de amor que les tenemos… aunque a veces tengamos ganas de
no amarlos tanto.
El único consejo claro que les daré es que identifiquen la
causa de sus actos.
Para ilustrarlo me pondré de ejemplo, como suelo hacer. Mi
hijo del medio fue fruto de un embarazo gemelar, que vino a sorprendernos
gratamente, pero con mucha incertidumbre y miedos. Sucedió que a las 24 semanas
de gestación (apenas entrando a los 6 meses) una serie de sucesos que no deseo
a nadie, acontecieron. Resultando un
largo proceso de internación que duro 3 meses y la muerte de uno de los dos
bebés. Cuando nuestro milagrito llegó a casa luego de esos interminables tres
meses, también llegaron todas las recomendaciones y cuidados de higiene
extrema, supervisión permanente en base a un curso de reanimación cardio
pulmonar que tuvimos que realizar como condición de externación. Como apreciaran nuestro bebé llegó con una
gran carga emocional a su alrededor. De ahí en adelante como familia hemos
cometido muchos aciertos y errores también.
Actualmente con 12 años complidos, puedo mirar desde lejos y
ver con mas claridad algunas cosas, sabiendo que en ese contexto me era muy
difícil y siendo comprensiva conmigo misma lo acepto, lo comprendo y me perdono.
Cuando les cuento como eran de bebés, lo pienso al año y reconozco que era muy “berrinchudo”,
caprichos dramáticos. Por supuesto que le quería evitar cualquier malestar, los
cuidados y tratos eran excesivos de todas partes. En una foto que refleja esto
muy bien su hermano mayor que por aquel entonces tenía casi 8 años le había
hecho una corona de rey… el sentado con orgullo luciendo su corona de rey de la
casa.
Por suerte su papá pudo ver antes que el pequeño nos
manipulaba sin intenciones de hacerlo, solamente por ese lugar otorgado de Rey.
A sus 3 añitos el inicio del jardín ayudó mucho a salir de
su pequeño mundo de Rey. Le costó muchísimo adaptarse, como a cada uno de mis
tres hijos, soy honesta en reconocerlo.
A mediados del mismo año se le sumo algo más a su destronamiento:
¡mamá tenía un hermanito en su panza! Un embarazo de alto riesgo me impidió
hacer “casi todo”, ya no podía tenerlo en brazos, ni jugar, ni bañar a mi
pequeño Rey. Si bien la familia ayudaba mucho en todo, el comenzó a sentirse
ofendido, creo que desplazado. El día que nació su hermano menor, no quiso
mirarlo siquiera, lo ignoró durante meses y a mí como mamá también. A partir de
ese momento llamaba a su padre cuando necesitaba ayuda y rechazaba mis cuidados.
Podrán pensar que fue doloroso para mí, la verdad es que no tanto porque sabía
bien la causa y entendí sus sentimientos, mi amor de mamá siempre siguió siendo
el mismo, me limite a respetar y acompañar sus tiempos, demostrándole que estaba
disponible para él.
Volviendo a sus “berrinches” de Rey de la casa, debo
decirles que paulatinamente fueron descendiendo hasta desaparecer a medida que
fue perdiendo ese “lugar” de Rey, de sobreprotección y temores familiares.
Como suelo explicar desde una mirada profesional y teórica. En
el momento de los berrinches se había instalado un circulo vicioso donde existía
una causa y efecto, reproduciendo en forma cíclica conductas asociadas, cuando
se fueron rompiendo eslabones del círculo, ya no pudo sostenerse el vicio del
Rey de la casa.
A los 4 años se dio por finalizada su etapa de berrinches.
Quiero dejarles unas últimas reflexiones.
En primer lugar, que somos sentimientos, nunca tratemos de
evitarlos porque nos complicaran aún más, créanme lo que les digo. Puede ser
muy beneficioso identificar nuestros sentimientos e investigar cual es la causa
de los mismo, luego analizar si no estamos siendo algo extremos o desacertados.
Nunca pierdan de vista que moderar un sentimiento será imposible si no
conocemos el origen de este. De todos modos, es normal “sentir” ya que nuestra
esencia esta dada por los sentimientos más que por la razón, esos sentimientos,
como ya les mencioné en muchas oportunidades, que se encuentran profundamente
instalados en nuestro cerebro más primitivo y que siempre domina nuestras
acciones en apenas segundos. En alguna entrada les contaré sobre el fascinante
mundo de las neurociencias.
En segundo lugar, debo decirles que todo se puede mejorar y
subsanar, lo importante es tener la determinación para lograrlo. La reflexión e
introspección en nuestros sentimientos y pensamientos serán nuestros mejores
aliados, pensando desde la complejidad y multiplicidad. Las relaciones humanas
son de a dos y a veces hay muchos más involucrados, cada uno tiene una cuota de
participación e influencia en los resultados de las mismas. ¿qué les quiero
decir con esto? Les pondré un ejemplo, cuando un bebé llora intensamente, puede
deberse a un malestar interno pero también a las respuestas que ha recibido,
puede suceder que yo tenga una actitud amenazadora como gritos, nerviosismo o
brusquedad, puede suceder también que otra persona (abuelos, cuidadores, etc)
lo acostumbró a cierto condicionante como puede ser música o algún tipo de
movimiento repetitivo como puede ser mecerlo en brazos, también podría ser
succionar un chupete o mamadera. En ese ejemplo tenemos varias personas y
condiciones que influyen en la relación de ese bebé con su mamá, en esa
situación particular.
Como verán siempre involucra una gran complejidad a ser descubierta,
sepan que todos tenemos la capacidad para hacerlo, como todo, mejorará con la
práctica constante. Sepan que conocer las causas ayudarán mucho al momento de
tomar decisiones acertadas y beneficiosas para nuestros hijos y para nosotros
mismos.
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